domingo, 12 de febrero de 2017

PARA MEDITAR



  
Me amo, me quiero, me acepto y me respeto.

Amo mi forma de ser, amo todo el cariño que pudo expresar, amo mis locuras y la pasión con la que lucho por lo que quiero.

Me quiero así, sin más, sin menos. Me quiero como soy y como pienso. Me quiero ver mejor, me quiero sin presión y sin condiciones.

Me acepto con aciertos y con errores. Acepto mi tristeza, mi rabia, mi miedo, mi alegría y mi afecto. Acepto que cada momento trae una lección y estoy dispuesto a recibirla en mi vida. Acepto mi dolor, y si algo hice para provocarlo me perdono, Me acepto como soy.

Me respeto, porque comprendo que soy vulnerable, me tengo paciencia y con ternura me oriento para ser cada día mejor.

jueves, 25 de agosto de 2016

¿Y SI NO TUVIERAS MIEDO?


Fotografía de Natalia Montoya. Riohacha
¿A qué le temes? ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Ana sentía miedo...
Temía a la infinitud del cielo y a las aves que lo cruzan.
Temía al día, temía a la noche, temía a la calle y a su hogar.
Temía a la soledad y temía a la compañía.
Le temía a las personas, pero sobre todo tenía miedo de sí misma.

Ana sentía amor...
Amaba la infinitud del cielo y las aves que lo cruzan.
Amaba el día, amaba la noche, amaba la calle y su hogar.
Amaba la soledad y amaba la compañía.
Amaba a las personas, pero sobre todo se amaba a sí misma.

sábado, 23 de marzo de 2013

SI DIOS EXISTIERA




Imagen tomada de: http://bajoelsolylalunadeabril.blogspot.com
Si dios existiera no pertenecería a la humanidad.
Nada más alejado de lo que la divinidad representa que el ser humano.
Si dios existiera encontraríamos su divinidad en la naturaleza.
Tocaríamos su ternura en la piel de un animal.
Veríamos su regocijo en el meneo de la cola de un perro u oiríamos su alegría en el cantar de un ave libre.
Encontraríamos su serenidad en el ronroneo de un gato.
Y oiríamos su sabiduría en el fluir de un rio.
Su casa no sería de cemento, ni estaría llena de lujos, y mucho menos sería fría y ordenada.
Tendría la frescura del aire limpio, la comodidad del césped y el canto de los árboles en una tormenta.
Si dios existiera no habría expulsado al ser humano del paraíso, creo más bien que el ser humano lo habría expulsado de su corazón hace mucho, para reemplazarlo por envidias, rencores e ilusiones de poder.
Si dios existiera se habría rendido de luchar por una humanidad tan deshumanizada, y optaría por bendecir una naturaleza llena de paz, sabiduría y amor.

sábado, 1 de octubre de 2011

REFLEXIONES SOBRE EL AMOR


El amor es un sentimiento único y unificador, que no diferencia entre sujeto y objeto, entre amante y amado. El amor simplemente ES. Cuando se dirige o se focaliza se “disecciona” y deja de ser. Y así como cuando separo las partes de un todo acabo con él, cuando separo la capacidad de amar y la de ser amado acabo con el amor.

El amor es acción, el amor es AMAR. La sabiduría popular nos ha indicado que no es posible amar a los demás sin amarme a mí mismo, y que tampoco es posible amarme a mí mismo sin amar a los demás. El amor es un acto que ha de fluir y expandirse hacia y desde todas direcciones (como el universo).

El amor es uno sólo, indisoluble e indiferenciado, y esto el ego lo interpreta como una amenaza. Primero, porque anhela ser objeto de amor, ser amado, y para esto requiere ver el amor como algo separado se sí mismo; por esto el ego inventa el autoestima, como un intento de sobrellevar la incapacidad de sentir el amor como un todo, creyendo que dándome un valor me doy amor, llegando así a ignorar mi sombra (lo que me desagrada de mí mismo) y a estimar principalmente mis cualidades. Se refuerza entonces la separación, alejándome cada vez más de una auténtica experiencia del amor.

Y segundo, el ego interpreta el amor como una amenaza por el temor a la pérdida de sus límites, temor del ego a ser parte de un todo, porque esto simbolizaría su muerte (¡La muerte del ego!).

El amor es una ruptura de la zona intermedia entre la experiencia interior y la exterior. Esta zona media está compuesta por pensamientos, miedos y otras ilusiones que no corresponden a la experiencia verdadera del momento, y que impiden el vivenciar plenamente la experiencia del cuerpo y del ambiente. La usamos para refugiarnos y revolcarnos en el pasado, para proyectarnos o angustiarnos en el futuro, o para escapar a cualquier otro sitio imaginario en el que no nos encontramos realmente. La usamos para evitar que nuestras necesidades se expresen espontáneamente y para bloquear la satisfacción que pueda venir del ambiente de estas mismas necesidades.

El amor es, entonces, diferente de la estima o del aprecio, que no son más que valoraciones parcializadas, condicionadas, circunstanciales y, por consiguiente, racionalizadas.

Es diferente, también, del apego, que es una cosificación del objeto de afecto, del supuesto ser amado, y responde más a emociones como el miedo y la tristeza, pero de manera irracional, como lo son el miedo a la soledad o creencias de pobre autoeficacia (creer que no soy capaz de obtener el amor de otra persona), excesiva vulnerabilidad (creer que soy débil y necesito de la protección física, emocional material, de otra persona) o dependencia (creer que sin la otra persona no puedo vivir).

El amor es lo que nos incluye en la totalidad, y sentirlo conecta, incluso a pesar de la distancia o la ausencia, porque hablar de ausente es hablar de un objeto, un sujeto y la distancia entre ellos.

Cuando soy amor actúo amorosamente, y esto toca a toda persona con la que establezco un auténtico contacto.

Cuando soy amor se desvanece el deseo de poseer a otra persona, se ser poseción de alguien, e incluso el de poseerme a mí mismo, desvaneciéndose la angustia (que es un producto mental) y abriendo el cuerpo para entregarme plenamente a la experiencia.