El éxito de una relación de pareja, al igual que en los negocios, reside en el establecimiento de un buen contrato, y en su conocimiento.
Cuando yo quiero comprar cualquier cosa aspiro que por mi dinero, mínimamente, se me dé el producto que solicito, sin la necesidad de tener que elaborar un documento escrito, autentificado en una notaría.
Lo mismo ocurre en una relación de pareja, cuando la establecemos estamos llenos de aspiraciones sobre lo que es y nos dará la otra persona, asumimos, sin necesidad de tenerlo por escrito, que la fidelidad y el respeto, por ejemplo, harán parte de la relación. Y no siempre es así, muchas veces el “producto” nos sale defectuoso, y en una relación de pareja no tenemos garantías.
Lo que deseo plantear es una estrategia sencilla para reducir las posibilidades de un fracaso amoroso, o que mínimamente nos permita sobrellevar de manera digna cualquier tipo de frustración en este campo.
Existen contratos explícitos y contratos tácitos; lo primeros hacen referencia todo aquello que se dialoga en pareja, las cláusulas que, sin necesidad de estar por escrito, se tiene claras. “Esta noche te llamo”, “Quiero que me abraces más”, “No te duermas luego de hacer el amor” son ejemplos sencillos de este tipo de compromisos, y es realmente muy sencillo determinar si se cumplen o no.
Los contratos tácitos son aquellos acuerdos que “se supone” que se deben cumplir en una relación, sin que haya necesidad de hablar sobre el tema. La exclusividad y fidelidad es un ejemplo de este tipo de acuerdos, ya que, cuando establezco una relación de pareja con alguien, supongo que esa persona comprende que me debe ser fiel, siendo el uno para el otro la fuente exclusiva de amor romántico.
Este tipo de suposiciones son las que deterioran las relaciones de pareja, ya que provienen más de mi historia de vida, mis aprendizajes y mis preconceptos sobre lo que es una relación de pareja, que de mi conocimiento de quién es la otra persona.
Suponemos que siempre me será fiel, que me respetará y nunca me maltratará, que me dará chocolates en los aniversarios, que me amará con mis defectos y virtudes, que yo estaré por encima de su trabajo y su familia, que no volverá a hablar con su ex-pareja, etc.
Sabemos muy bien que estas expectativas no siempre se cumplen, y que, si bien una relación de pareja puede ser una fuente inmensa de placer y alegría, también suele ser una fuente incalculable de frustraciones y dolor.
El ejercicio que propongo, entonces, es convertir los contratos tácitos en explícitos, aplicar el diálogo abierto y la actualización para la construcción permanente de mi vida en pareja.
¿Para ti qué es el amor?
¿Qué haríamos si tú me golpeas?
¿Qué haríamos si yo te golpeo?
¿Para ti qué es la fidelidad?
¿Para ti qué es la infidelidad?
¿Qué haríamos si tú me eres infiel?
¿Qué haríamos si yo te soy infiel?
¿Qué está por encima de nuestra relación?
¿Cómo expresas tú la rabia?
¿Qué te gusta hacer en los aniversarios?
¿Qué tipo de situaciones o de personas te generan celos?
Y un compromiso final es que nada de esta información se puede utilizar para hacer daño a la otra persona.
No se vale responder cosas como “Yo siempre te amaré” o “Nunca te seré infiel”, el ejercicio consiste en imaginar que las cosas ocurren realmente y dar una respuesta sincera.
Hay que tener claro que el ejercicio no es un examen que se gane o se pierda, está enfocado en conocer a la persona a la que le entregaré mi corazón, y al mismo tiempo darme a conocer; y en poder tomar la mejor decisión sobre hasta dónde estoy dispuesto a recorrer mi camino con esta persona.
Espero logren quitar las vendas al amor, para convertirlo en un amor consciente y plenamente satisfactorio.
1 comentario:
Genial! esto es para tenerlo en cuenta ;)
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